miércoles, 15 de junio de 2011

La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en Pachuca: 1725-1835

La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en Pachuca: 1725-1835


por
Gabriel Márquez Ramírez


“Donde hay un enfermo, un necesitado
 allí hay un lugar para los hijos de Juan de Dios”[1]

Dedicado a María Dolores Sepúlveda González

Desde los años inmediatos a la consumación de la conquista de México se inició la organización de la naciente sociedad novohispana y su ingreso a la cultura occidental. La adaptación de instituciones, ideas y valores europeos introducidos por los primeros pobladores y misioneros franciscanos fue tejiendo la estructura política, jurídica, económica y social del nuevo sistema colonial. Los graves desajustes ocasionados por el choque de dos culturas, hicieron necesaria la temprana implantación de instituciones civiles y religiosas que proporcionaran asistencia y cuidado a los indígenas desprotegidos por la destrucción de su sistema de vida, a los soldados heridos en las campañas militares y a los pobladores y viajeros enfermos a causa de las condiciones geográficas y climáticas adversas. En este contexto nació el Hospital.
   El modelo de Hospital transferido a la Nueva España incorporaba ideas avanzadas renacentistas, aún cuando poseía una fuerte carga tradicional  heredada del carácter de asilo de las hospederías del medievo europeo, en los que se recibían enfermos, pobres, necesitados y peregrinos. Se les proporcionaba techo, alimentos y cuidados médicos, asistencia religiosa y consuelo espiritual. Los hospitales en Nueva España, además de su labor evangelizadora cumplían una función más amplia: la integración de los indios a la cultura occidental y constituían un instrumento de apoyo al sistema de producción colonial al preservar la mano de obra de las pestes y enfermedades.
   La asistencia hospitalaria durante el período colonial fue proporcionada principalmente por la Iglesia católica vía las órdenes mendicantes. No obstante, la Corona hispana impulsó la obra asistencial y patrocinó en sus virreinatos la creación de numerosos hospitales reales, dependientes de la autoridad civil. A lo largo de los tres siglos de dominación colonial, el poder real controló la actividad de los hospitales y las condiciones sanitarias por medio del Tribunal del Protomedicato. Por su parte, la Iglesia dirigió sus acciones a la curación de los enfermos en lugares especializados como el hospital, institución religiosa sustentada en las ideas cristianas de caridad y de servicio a Dios por medio de las obras de misericordia y del ejercicio de amor al prójimo. La caridad era canalizada por la Iglesia hacia obras de carácter social. Los particulares quienes con limosnas, obras pías y donaciones, se encargaban de fundar y dotar suficientemente a los hospitales. En el siglo XVI se erigieron numerosos hospitales en diversas regiones, principalmente en la zona central (México-Tlaxcala-Puebla), en Veracruz por ser un lugar insalubre y puerta de entrada Nueva España. En los siglos siguientes (XVII y XVIII) las órdenes hospitalarias extendieron profusamente la obra de construcción de hospitales por todo el territorio novo hispano. Por ejemplo, los Hipólitos fundaron el Hospital del Espíritu Santo y Nuestra Señora de los Remedios, la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios fundó varios hospitales, los Antoninos erigieron el Hospital de San Antonio Abad y los Betlehemitas el Hospital Real de Nuestra Señora de Belén y San Francisco Javier. A este período corresponden también los Hospitales del Divino salvador para mujeres dementes, el de la Santísima Trinidad para sacerdotes y el Hospital real de Terceros, fundado por franciscanos de la Venerable Tercera Orden.[2] Sin duda la labor hospitalaria en Nueva España fue muy vasta, y en este breve espacio nos ocuparemos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, principalmente en Pachuca durante la etapa colonial. 

La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y su fundador

El portugués João Cidade Duarte, mejor conocido como Juan de Dios impresionado por las predicaciones del padre Juan de Ávila, en las postrimerías del siglo XV, se apartó del mundo para dedicar todos sus esfuerzos a la atención de los enfermos. Al ver su labor de cuidado y atención a los enfermos, el Arzobispo de Evora le concedió el uso de tosco hábito y lo nombró Superior de unos cuantos abnegados hombres que siguieron su ejemplo. Hacia 1571 Juan Ciudad Duarte y sus compañeros obtuvieron la aprobación de la Orden por la que se erigió en Congregación Religiosa Hospitalaria. Su labor se extendió con gran ímpetu y hacia 1586 se constituyeron como Orden Hospitalaria con reglas y superiores propios. Fray Cristóbal Muñoz, uno de los hospitalarios de la primera expedición autorizada por Felipe II, fue el encargado de introducir la Orden en Nueva España. Para tal fin, hizo un viaje a España para reclutar religiosos y el 1º de agosto de 1602 la Corona hispana otorgaba licencia de embarque para las Indias a 16 hermanos hospitalarios dirigidos por el padre Muñoz. Los gastos del traslado corrieron a cuenta del erario real. Fray Cristóbal Muñoz tomó a su cargo las fundaciones. El Virrey Juan de Mendoza y Luna, Marqués de Montesclaros que fue el responsable de la llegada e instalación de los hermanos hospitalarios, ordenó en 1604, que se les entregara el Hospital de Nuestra Señora de los Desamparados para que iniciaran su labor. De esta forma, la Orden se establecía en Nueva España y empezaba una historia llena de grandeza humana y cristiana, de gran prestigio caritativo y hospitalario, que despertó en todas partes una admiración que cambio la primera frialdad con que fueron recibidos. Lamentablemente su gran obra no quedó exenta de conductas contrarias al evangelio y a la atención hospitalaria.
   La empresa de los hermanos hospitalarios durante el período colonial se dividió en tres etapas. La primera, de expansión fulgurante (1604-1649) abarcó a grandes rasgos los primeros 50 años del siglo XVII y se caracterizó por una intensa actividad fundacional de hospitales. La segunda, de expansión sostenida (1650-1699) que cubrió la otra mitad del siglo, aunque siguió con la misma tendencia que la anterior, perdió algo de su ímpetu original y la última etapa de expansión moderada (1700-1750), que correspondió aproximadamente al siglo XVIII y a los primeros 20 años del siglo XIX se caracterizó por un número menor de nuevas fundaciones y por las dificultades, conflictos y procesos evolutivos que afectaron a la Orden Hospitalaria y a las órdenes religiosas en general. En la primera etapa los discípulos de San Juan de Dios lograron fundar la Provincia del Espíritu Santo que con el tiempo, llegó a abarcar, por períodos variables que van de algunos años a más de dos siglos, 50 establecimientos hospitalarios en Nueva España. La fundación del Hospital de Nuestra Señora de Guadalupe en Pachuca, correspondió a la última etapa de expansión de la Orden.

  San Juan de Dios 1494-1550
(João Cidade Duarte)
Beatificado por el Papa urbano VIII el 21 de septiembre de 1630
Canonizado por el Papa Alejandro VIII el 16 de octubre de 1690
Su día de festejo es el 8 de marzo
Es el santo patrono de los hospitales, enfermos y enfermeras


El Hospital de Nuestra Señora de Guadalupe en Pachuca, 1725-1835
A pesar de haber sido fundada en 1534 en el real de Minas, la ciudad de Pachuca tuvo que esperar casi 200 años para tener un hospital para mineros puesto que fue el 12 de julio de 1725 cuando el cabildo obtuvo la licencia episcopal para abrir un nosocomio.[3]

Dio su licencia el 3 de noviembre del mismo año de 1725, en documento que concretaba los derechos de la jurisdicción eclesiástica sobre esta institución. Para la erección del hospital no se contaba con más bienes que una capilla que iba a ser la Iglesia del hospital, titular que pasaba al mismo tiempo a serlo de toda la institución. Anexo a ella se iba a levantar el hospital. Con el fin de sostenerlo, los mineros se comprometieron a dar un partido en las minas; todo lo demás que hiciera falta se consiguió por medio de la limosna. Pese a que los frailes sabían que la dotación del hospital era insegura y tal vez insuficiente, se lanzaron a realizar la fundación, fiados en la divina Providencia. Llegados a Pachuca se dieron a la tarea de recabar limosnas. El pueblo fue generoso con ellos y pronto se pudo construir la enfermería, habitación de frailes y hasta una nueva iglesia.[4]  

El año de fundación del hospital en Pachuca, correspondió a un período de gran devoción hacia la Virgen de Guadalupe en Nueva España, de ahí que los hermanos hospitalarios optaran por el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe. Una vez establecido, se hicieron cargo de la institución. Rápidos fueron los trabajos para la construcción del hospital que para marzo de 1728 había sido concluido. Al respecto la Gaceta de México informaba que “...hallarse muy adelantada la fabrica de la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, y fundación del Hospital de San Juan de Dios y haberse alebrado su día con la solemnidad posible, que corrió a cuenta de la religión de San Agustín siendo el orador el R. P. lector jubilado Juan de Sevilla, prior del convento de Epazoyucan.”[5]  
   El hospital era de dos plantas con amplios corredores, patios y jardines. Había en él habitaciones para los frailes, las oficinas propias de todo hospital y solamente una sala de enfermos, pues no recibían mujeres entonces. Todo lo necesario al servicio de los pacientes había en ella desde camas, colchones y frazadas hasta un altar. Los bienes del hospital eran dinero colocado a réditos y limosnas. Los 10 mil pesos colocados a censo producían 500 pesos anuales. Las limosnas y obvenciones le producían de mil pesos a 1,300 anuales, por lo que los frailes consideraban tener anualmente 1,700 pesos de ingreso.[6]

Funcionamiento
Para el cuidado de los enfermos, la orden sostenía en el hospital cuatro religiosos, de los cuales uno era sacerdote. Sin embargo, ellos mismos consideraban que su personal era escaso y pidieron al visitador en 1774 que aumentara su número a seis.[7]

Infraestructura del hospital

La información que disponemos acerca de la infraestructura del hospital proviene de la visita que hiciera fray Pedro Rendón Caballero, visitador hospitalario que en el período de 1772-1774 acudió a todos los establecimientos de la orden en Nueva España:

Y registrado lo que contiene en la enfermería, se reconoció estar con número competente de camas, colchones, fundas, almohadas, frazadas, ropa blanca y con lo demás que conduce a la hospitalidad y para el abrigo, aseo y decencia de nuestros pobres enfermos. Y en dicha enfermería hay un altar en el que se dice misa, en el cual hay un sagrario y en él encierra el vaso del Santo Óleo con su puntero todo de plata con lo demás que se necesita para la administración de este santo sacramento a los que se hallan en extrema. Y registrado en el libro donde se asientan las partidas de los pobres enfermos que se entran a curar, se halló que desde la visita pasada [...] hasta este día se han recibido y curado trescientos sesenta y un pobres enfermos de los que han fallecido veintiocho, y su Rma. Mando al expresado P. prior continúe en recibir y curar a cuantos pobres enfermos llegase a su hospital en fuerza de la obligación que tenemos en nuestro angélico instituto y cuarto voto que profesamos...[8]

Las enfermedades

En promedio se atendían 262 pacientes cada año con diversos padecimientos que iban de simples infecciones hasta enfermedades graves como la peste y la sífilis. Por ser región minera abundaban las lesiones por accidentes de trabajo como fracturas de huesos, mutilaciones y amputaciones. Se atendieron pacientes con hidrargirismo o mercurialismo, trastorno patológico grave de los mineros debido a la contaminación del cuerpo con mercurio. Otra enfermedad fue la anquilostomiasis que consistía en una infección intestinal causada por un gusano parasitario que causaba hemorragias intestinales que derivaban en estados graves de anemia. Este padecimiento también aquejaba a los mineros, debido a las pésimas condiciones sanitarias al interior de los socavones. Las enfermedades respiratorias eran las principales causas de consulta e internamiento en el hospital. Se atendían a enfermos con tos crónica, catarros, dolores de garganta, oídos y en casos graves la neumonía. Los mineros eran atendidos de silicosis, enfermedad provocada por el polvo de sílice que se alojaba en sus pulmones.
Sin embargo, fuera de las minas, la población en general también quedaba expuesta a los efectos de la enfermedad. Por la escasa higiene, las enfermedades adquirían con frecuencia características epidémicas incontrolables que rebasaban con creces la intensidad de las suplicas de los hermanos hospitalarios. En medio de esta situación, la muerte hacia acto de presencia y la ciencia médica de la época no podía hacer gran cosa.[9]

Priores del hospital

Fueron varios los venerables hospitalarios que se encargaron de la administración del nosocomio. Ateniéndonos a la evidencia histórica que proviene de diversos archivos y a la crónica de la orden hospitalaria, tenemos noticia del trabajo de fray Bartolomé Hernández, primer prior a cargo del hospital (1725), de Francisco Orozco Villarreal (1737) que se distinguió en grado sumo cuidando a los enfermos de peste y de fray Ignacio Gaytan. El cronista de la orden en referencia al hospital de Nuestra Señora de Guadalupe en Pachuca, escribió lo siguiente:

...murió a los 37 años de su edad en el Convento (Hospital) de Nuestro Padre San Juan de Dios, su actual Prior Fray Francisco Javier de Orizco y Villarreal, quien en edad tan abreviada y en pocos años de Religión se hizo laudable no sólo de sus Prelados Superiores que le estimaban mucho por los aciertos de su gobierno y virtudes, sino de los demás que conocían las practicaba en cumplimiento de su caritativo Instituto, como fue bien notorio en la presente epidemia, que hasta que por asistir a los Enfermos la contrajo, no cesó de cuidarles con amor indecible; diose la sepultura haciendo sus Oficios los RR. PP. Franciscos descalzos de este Apostólico Colegio a quienes asistieron los Curas y primeras Personas de este Real.[10]

Benefactores
Como se trataba de una obra piadosa que promovía la caridad cristiana, muchos fueron los benefactores del hospital: mineros, vecinos, autoridades locales y algunos propietarios de minas como Pedro Romero de Terreros, primer conde regla, que aportó 20 mil pesos.[11] Sin embargo, los principales benefactores del hospital fueron el Virrey Marqués de Casa Fuerte, el Arzobispo fray José de Lanciego y Eguilaz y tiempo después el Arzobispo y Virrey Francisco de Lizana y Beaumont.

Sección para mujeres
Con el paso del tiempo se hizo necesario ampliar los servicios médicos para la población femenina, para lo cual se contó con la ayuda del Arzobispo y Virrey Francisco de Lizana y Beaumont iniciando sus servicios el 8 de septiembre de 1809. Para que la sección femenina no consumiera los recursos financieros del hospital, se le dotó de capital propio estimado en trescientos pesos.[12]

La cotidianeidad al interior Hospital
La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios contaba con un reglamento para el funcionamiento de sus hospitales, el cual se apegaba a las normas de caridad y atención a los enfermos ideadas por el fundador de la orden. El reglamento abarcó los aspectos referentes a la organización y atención de los pobres enfermos, por ejemplo:

“A las cinco de la mañana debera lebantarse el enfermero de semana con un moso a hacer la limpieza de servicios, bacinicas y escupideras, haciedo el enfermero se haga esta operación con el mayor aseo y limpieza para que estas piezas tan asquerosas no causen mal olor. El practicante de cirugía con el moso destinado para este departamento empezara su curación debiendo tener su aparato abilitado de toda medicina correspondiente como el cajon con y los hilos y el correspondiente genero para compresas y bendajes, según lo pida la curacion. Concluida la limpieza, barreran y sacudiran todas las enfermerias dando su saumerio[13] para quitar cualquier olor desagradable.”

Por otro lado, la atención religiosa al enfermo no se descuidaba, ya que desde la perspectiva de los hermanos hospitalarios, lo espiritual contribuía al restablecimiento de la salud de los enfermos:

“A las siete y media de la mañana, devera ocurrir el Padre Capellan en compañía del pacticante mayor o enfermero para que este le entregue la papeleta de oraciones, beaticos o Santos Oleos, siendo de la obligación del enfermero o de un criado que lleve la silla en que se ha de sentar el padre a confesar debiendo darle un poquito de sal volátil para que no se contagie con los malos humores de las varias enfermedades que hay.”

El siglo XVIII, que acarreó dificultades y conflictos para los hospitales, parece haber transcurrido pacífico para el establecimiento en Pachuca, el que a principios del siglo XIX y gracias a la ayuda financiera del Arzobispo y Virrey don Francisco Javier Lizana y Beaumont, logró ampliarse con una enfermería para mujeres. Cuando los hospitalarios fueron exclaustrados en 1835, cuatro de ellos seguían atendiendo los cuatro cuartos que aún conservaba el hospital.[14]

Regulación

A parte  de depender del prior de la orden, el Hospital en lo tocante a su funcionamiento y regulación, estaba sujeto a las Leyes de Indias. Entre la normativa más importante señalamos lo siguiente: Que en todos los Pueblos de Españoles y Indios de sus Provincias y jurisdicciones, se funden Hospitales donde sean curados los pobres enfermos y se exercite la caridad Cristiana,[15] y que los religiosos que “...asi se nombraren se pueda permitir, que uno o dos sean Sacerdotes, para que puedan decir Misa a los enfermos y administrarles los Santos Sacramentos, atendiendo en esto a la comodidad, calidad y cantidad que para ello tuviere el tal Hospital...” [16]
   La orden Hospitalaria de San Juan de Dios a partir de 1604, atendió ante todo las necesidades físicas inmediatas de los más pobres, partiendo del principio que se llegaba a las almas mediante los cuidados otorgados a los cuerpos dolientes. En la Nueva España, los recién llegados formaron la Provincia del Espíritu Santo, que comprendía el México actual, Guatemala, Honduras, Nicaragua y El salvador, además de Cuba, la costa venezolana y las islas Filipinas. Durante los siglos XVII y XVIII, los hermanos hospitalarios llegaron a regir varios hospitales en su provincia, aunque no todos funcionaron de manera continua. Los religiosos, peninsulares en su mayoría, recibieron en sus rangos a individuos no siempre aptos a ceñirse a las duras reglas monásticas aunque si dedicados de pleno a la vocación hospitalaria, lo que explica la buena fama de la que gozó la Orden durante la mayor parte de estos siglos. A partir de mediados del siglo XVIII y de acuerdo con las tendencias reformistas impulsadas por los Borbones, los hermanos hospitalarios atravesaron dificultades, igual que las demás órdenes monásticas. Éstas se agravaron al empezar el siglo XIX con la introducción de reformas de corte laico y nacionalista en México, que marcaron la desaparición de la Orden de San Juan de Dios. La Orden Hospitalaria hizo su regreso oficial en 1901, intentando reconstruir a partir de cero su antigua provincia. Si bien la Revolución Mexicana interrumpió el proceso, éste se reanudó tan pronto como fue posible y hoy en día, la Provincia de Nuestra Señora de Guadalupe, heredera de la del Espíritu Santo, sigue creciendo tanto en México como en Cuba y en América Central. A cuatro siglos de su entrada a la Nueva España, los hijos de San Juan de Dios siguen atendiendo a los más pobres de los pobres, con especial dedicación a los enfermos mentales.

Algunos datos estadísticos del Hospital de
Nuestra Señora de Guadalupe de Pachuca

Número de enfermos, mortalidad y situación financiera: 1774-1779
(Visita del padre Pedro Rendón Caballero)
Período
No. de enfermos
Fallecidos
% Fallecidos
Recursos
1772-1774
361
28
7.8
298.7

Número de enfermos a cargo de un sólo religioso: 1774-1779
(Visita del padre Pedro Rendón Caballero)
Período
No. de enfermos
anuales
No. De religiosos
% Religiosos y enfermos
Recursos
1772-1774
330
4
7.8
20


Gasto por enfermo: 1774-1775
(Visita del padre Pedro Rendón Caballero)
Período
No. de religiosos
No. de enfermos
Ingresos totales
Gastos/
enfermos
1772-1774
4
262
1,700
6.5%


Los Hospitales de la Provincia del Espíritu Santo en la Nueva España

México
Nuestra Señora de los Remedios
1604-1820
Guadalajara
Santa Veracruz
1606-1827
Durango
San Cosme y Damián
1610-1820
Zacatecas
San Juan Bautista
1610-1827
San Luis Potosí
San Juan Bautista
1611-1827
León
El espíritu Santo
1617-1823
Orizaba
De la Concepción
1619-1834
Celaya
De la Concepción
1623-1820
Mérida
Nuestra Señora del Rosario
1625-1821
Puebla
Nuestra Señora de los Remedios
1629-1860
Campeche
Nuestra Señora de los Remedios
1635-1821
Morelia
San Juan de Dios
1645-1820
San Juan del Río
San Juan de Dios
1662-1820
Pátzcuaro
San Juan de Dios
1670-1820
Aguascalientes
Nuestra Señora de los Remedios
1685-1817
Parral
San Juan Bautista
1687-1699
Toluca
Nuestra Señora de Guadalupe
1695-1812
Texcoco
San José
1699-1821
Oaxaca
Santa Catalina
1702-1820
Chiapas
Nuestra Señora de la Caridad
1712-1807
México
San Lázaro
1721-1821
Pachuca
Nuestra Señora de Guadalupe
1725-1835
Atlixco
Nuestra Señora de la Concepción 
1731-1821
Tehuacan
San José
1744-1822
Azúcar / Matamoros
Nuestra Señora de los Dolores
1748-1820
Colima
Purísima Concepción
1816-1823





[1] Fernández de Viana y Vieites, José Ignacio. Cartas de San Juan de Dios. Fundación Juan Ciudad. Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Madrid, 2006. p. 45.
[2] Gutiérrez Olmo, José Félix. Introducción al fondo genérico. Archivo histórico de la Secretaria de Salud. México, 1970. pp. 2-4.
[3] Francisco Guerra El hospital en Hispanoamérica. pp. 300-301; Ana Ortiz Islas de Jodar, Les Hopitaux de l´Ordre de Saint Jean de Dieu. pp. 527-530.
[4] Josefina Muriel, Hospitales de la Nueva España. México, Jus, 1960. pp. 134-135.
[5] Sahagun y Arévalo, Gaceta de México. SEP. México, 1949. Tomo I, p. 84
[6] Velasco Cevallos, Romulo. Visita y reforma de los hospitales de San Juan de Dios. Archivo Histórico de la Secretaria de Salubridad y Asistencia. México, 1945. T.II. pp. 107-108.
[7] Muriel, op, cit., p. 135.
[8] Velasco Cevallos, Romulo. Visita y reforma de los hospitales de San Juan de Dios de Nueva España en 1772-1774. Tomo II. Archivo Histórico de la Secretaria de Salubridad y Asistencia. México, 1945. p. 8.
[9] Rubial García, Antonio. Historia de la vida cotidiana en México. FCE/CM. México, 2005. p. 565.
[10] Fray  Juan Santos, Noticias de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. HOSJD. Madrid, 1920. pp. 455-456.
[11] Teodomiro Manzano, Anales del Estado de Hidalgo. Pachuca, 1918, t. I.
[12] Muriel, op. cit., p. 137.
[13] Hiervas secas que se quemaban para producir humo aromático para purificar el ambiente.
[14] Solange, Alberro. Apuntes para la historia de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en la Nueva España-México, 1604-2004. CM/OHSJD. México, 2005. pp. 162-163.
[15] Recopilación de las Leyes de Indias, titulo IV, Ley I.
[16] Idem. título IV, Ley I.

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